domingo, febrero 28, 2010

Retratos a rotulador







Los rotuladores siempre me han gustado, qué digo, encantado. Fueron uno de los primeros materiales que compré con mi paga, me quedaba embobada mirándolos en el escaparate; tan y tan precoz fui que en la tienda de bellas artes me timaron y me los vendieron resecos (exactamente, los mismos del escaparate que tantos años me habían embelesado). Estuve un montón de tiempo echándoles alcohol para amortiguar los miles de pesetas que me habían costado. Esto no se le hace a una niña ilusionada, leñe. Sea como sea, estos rotuladores nuevos me dibujan de mil amores y pueden llegar a convertirse en un vicio. Igual que los retratos.